Celebramos el 1ro de mayo el Día del Trabajo y no puedo dejar de pensar en los millones de peruanos que a pesar de tener una ocupación no llegan a tener un trabajo decente. Y es que el legislador con la excesiva reglamentación laboral que busca proteger o aumentar el bienestar de los trabajadores ha traído como consecuencia la extensión del empleo informal. La consecuencia es que los trabajadores informales carecen de prácticamente cualquier forma de protección social. Estos trabajadores no tienen acceso a seguros de salud, desempleo y accidentes, y al no estar afiliados a ningún sistema pensionario no pueden jubilarse, por lo que se ven obligados a trabajar más tiempo que los trabajadores formales.
Es sintomático que América Latina sea la región que mayor protección legal pretende otorgar a los trabajadores y al mismo tiempo sea una región donde la informalidad se ha vuelto endémica.
Nadie pude negar la buena intención de los legisladores al procurar mejores condiciones para los trabajadores. Pero lo que debemos preguntarnos es si efectivamente se termina mejorando la condición de los trabajadores en general, o se protege a unos a costa de otros.
El salario es consecuencia de la interacción de la oferta y la demanda de trabajo y de los niveles de productividad. Si se aumentan los beneficios sociales se disminuye el salario.
Si una persona debe contratar a otra y sabe que debe pagarle 2 gratificaciones al año, más Compensación por Tiempo de Servicios (CTS), y que además las vacaciones son de un mes y no de 2 semanas como en la mayoría de países de la región, lo que hará será calcular cuánto es lo que esa persona puede producir en 11 meses y lo dividirá entre 15 para calcular el salario mensual. Al final termina pagando lo mismo pero el trabajador recibe menos mensualmente.
Si la persona que contrata se viera obligada a subirle el salario al trabajador y no pudiera afrontar los beneficios sociales que esto conlleva, como en la gran mayoría de casos, dejaría de contratarla o la contrataría de manera informal, que es lo que realmente sucede.
Al final la realidad es una, si la productividad de un trabajador determina cierto nivel de salario, cualquier aumento de los beneficios que intente dar la legislación se hará a costa de salarios más bajos, de un mayor desempleo o de un incremento del empleo informal.
Si además añadimos la estabilidad laboral, entonces el empleo formal se convierte todavía más oneroso al tener que mantener a trabajadores no productivos.
Las leyes deben cumplir ciertas premisas: universalidad, estabilidad y flexibilidad. Es decir, deben abarcar a la mayor cantidad de gente posible, deben ser permanentes en el tiempo, por lo que deben nacer de un consenso, y deben permitir a las empresas adecuarse al cada vez más cambiante entorno económico.
El Perú se encuentra hoy en día en una situación expectante, creciendo y con una buena salud económica. Estamos, como dice el Presidente de la República, en la frontera del desarrollo, o la cruzamos como es nuestro deseo o retrocedemos como lo hemos visto repetidas veces en nuestra historia. Necesitamos ejecutar las reformas que nos hagan cruzar la frontera, la legislación laboral es una de ellas. No desperdiciemos la oportunidad.
Leopoldo Scheelje Martin
Fuentes: CONFIEP, revista Presencia Mayo 2004
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